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El tono ha sido más fuerte de lo que muchos esperaban. Finalmente, el presidente Néstor Kirchner ha reclamado ante la Asamblea de las Naciones Unidas (ONU) la colaboración de Irán en la investigación judicial sobre el atentado a la mutual judía AMIA. Se puede decir así que el planteamiento ha sido preciso y general, porque el mandadtario no sólo se ha dirigido al Gobierno iraní, sino que además ha pedido al secretario de la ONU que interceda para que esa solicitud se cumpla.
Y lo hizo nada menos que antes de bajarse del estrado para dejarle el micrófono al presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, el destinatario del mensaje. Sólo ellos dos, y el personal de ceremonial que los acompañaba, saben qué miradas cruzaron cuando se encontraron en el pasillo detrás del escenario del auditorio principal de la ONU.
Aunque ya se había adelantado que su discurso haría mención a este tema, Kirchner ha empezado a desvelar el misterio que había rodeado a su discurso cuando, al reafirmar el compromiso de Argentina en la lucha contra el terrorismo (siempre haciendo la salvedad de su rechazo a la invasión de Irak), ha recordado los atentados a la embajada de Israel y la AMIA en la década del los 90, con las que “fue víctima la soberanía argentina”. El jefe de Estado ha recordado también que la Justicia local ha requirido a la Interpol la detención de ocho ciudadanos iraníes y ha pedido al comité de ese organismo que en breve apruebe esa solicitud del juez.
Pero ése fue el principio. “Esperamos que Irán acepte ese pedido y respete la decisión de la justicia argentina”, a fin de colaborar con la investigación, ha remarcado. En la parte final de un discurso que hasta el último momento ha estado guardado bajo siete llaves y fue procesado herméticamente por el secretario presidencial Carlos Zannini y por supuesto por Cristina Kirchner, el Presidente lamentó que “hasta hoy Irán no ha brindado la colaboración necesaria”. Una suerte de respuesta a la advertencia previa de un diplomático iraní sobre cualquier cuestionamiento que se hiciera en Nueva York.
El gesto K se ha completado en la platea de la ONU: a un costado del lugar reservado para las delegaciones han estado sentados los principales representantes de la comunidad judía argentina. El presidente de AMIA, Luis Grinwald, y el titular de DAIA, Aldo Donzis, han asistido al discurso presidencial invitados por la Casa Rosada, junto a representantes de familiares de las víctimas del atentado. Como podía esperarse, estos dirigentes se han ido más que satisfechos del auditorio, con un triunfo bajo el brazo.
Antes, allegados suyos han dicho a El Cronista que aceptaron de buen grado la invitación presidencial, pero que ellos mismos han costeado los gastos. En lo que fue su despedida de este escenario (en diciembre dejará la presidencia), Kirchner ha arrancado su discurso, leído a gran velocidad y en tono monocorde –por momentos se ha hecho difícil seguirlo– haciendo un balance casi de campaña, y de consumo local, sobre la economía argentina. Pero ha empezado a remarcar más sus palabras sobre el final, cuando ha defendido su política de derechos humanos, el tema AMIA y el reclamo de soberanía por Malvinas. “Estamos pidiendo que Irán colabore, nada más ni nada menos”, ha disparado el Presidente.
El tema iraní no ha sido exclusivamente de Argentina, empezando por la presencia en la ciudad del controvertido Ahmadinejad. En un discurso muy aplaudido, el líder francés Nicolas Sarkozy ha alertado sobre el peligro que significaría que Irán desarrolle armas nucleares. En cambio, George W. Bush, ha preferido evitar el tema. Después de Kirchner ha hablado Ahmadinejad, pero no se ha refirido al conflicto con Argentina. Las repercusiones comenzarán a verse en las próximas horas.
En el Gobierno han buscado después contextualizar el mensaje presidencial. “El reclamo ha estado dirigido a este tema puntual con Irán, no significa una adhesión lineal a otro tipo de cuestionamientos”, han dicho. Para parafrasear a Kirchner, “ni más ni menos que eso”.
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