“¿Cuáles cree que son los factores de presión o de riesgo que podrían afectar el crecimiento argentino?‘”, es la primera pregunta que le ha tocado contestar, cuando ya la ansiedad de los empresarios por pasar del discurso a las preguntas empezaba a crecer, casi tanto como las ganas de largar con la entrada y el primer plato. Y ha sido casi la única, ya que luego la presidenta del Consejo, Susan Seagal, ha leído dos preguntas vinculadas al rol de la mujer en la política argentina y el de las microfinanzas. La última ha sido una general sobre qué debería hacerse para mejorar la inversión y la educación.
Cristina no ha hablado de inflación, ni mucho menos sobre qué sucederá con los bonistas que se han quedado fuera del canje de deuda, pero sí sobre la pelea gremial por el aumento de salarios, un tema vinculado con el primero. “Es casi inevitable cuando hay crecimiento económico. Ningún Gobierno puede evitar la puja distributiva del ingreso”, ha atajado, antes que nada.
La solución que propone Cristina es la “política de acuerdos” (no lo ha denominado pacto social) que enarbola como herramienta básica de su eventual gestión. “Apelaremos a la responsabilidad de las empresas y de los sindicatos”, ha remarcado.
Aclarando que estaba parafraseando a su marido, la senadora ha enmarcado la presión por la subida de salarios como “una de las tensiones que produce el crecimiento” (la otra que ha mencionado ha sido el tema energètico). Y enseguida ha aclarado que prefiere ‘las tensiones del crecimiento, antes que miles de piqueteros en las calles o una sociedad empobrecida”.
En su discurso inicial ha buscado dar más detalles de gestión, cuando ha explicado que con la “política de acuerdos” buscará “cristalizar” un conjunto de políticas macro, entre las que ha enumerado la disciplina fiscal, el desendeudamiento y la inversión, para que se conviertan “en una política de Estado, que no sea de un solo espacio político”.
El otro tema pendiente que ha reconocido Cristina cuando ha hablado de los “factores de presión”, es la necesidad de aumentar la financiación destinada a la producción, más que la dedicada al consumo. De todos modos, ha aclarado que el nivel de inversión está hoy en el 22% del PIB. En cambio, ha dejado en un segundo escalòn la situación internacional. “Nuestra situación fiscal nos hace mucho menos vulnerables que antes” a los mercados, ha afirmado.
La candidata ha dicho que el modelo no sólo será tipo de cambio competitivo y manejo fiscal, sino también –ha prometido– apostaremos por agregar valor e investigación tecnológica”. “¿Hablé mucho, no?”, ha sonreído Cristina, a la par que los mozos ya empezaban a servir los platos.