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Con la habilidad que le es característica y para no contradecir de forma contundente expresiones de su contraparte boliviana, menos aún malograr los resultados de dos días de intenso diálogo bilateral, la delegación chilena que asistió esta semana a una reunión de carácter técnico en la ciudad de La Paz, sostuvo mediante su Ministro de Relaciones Exteriores que el hecho de que exista una "agenda sin exclusiones" con Bolivia, no significa que Chile se vaya a enfadar cuando se le presente alguna aspiración relativa a la reivindicación marítima de nuestro país, máxime si es de pleno conocimiento suyo la invariable posición de Santiago respecto de la cuestión.
A mayor abundamiento, el dignatario sostuvo que para la nación transandina el tema marítimo no es otra cosa que el libre tránsito y la habilitación de puertos, según lo previsto por el Tratado de 1904 con el que se dio por concluido el conflicto iniciado en 1879.
Vale decir que sin embargo de los avances que se hubiesen podido lograr en otras materias durante el encuentro de referencia (la lista presentada por nuestros negociadores habría sumado nada menos que 80 puntos), el diferendo por la recuperación de un acceso soberano y útil al mar sigue y seguirá latente, como lo estuvo siempre desde la suspensión de las hostilidades, con el novel cumplido de que en adelante no molestará al victorioso de la conflagración el que se le plantee un arreglo satisfactorio para Bolivia, advertida de paso y por enésima vez, de cuál será la respuesta que habrá de recibir a propósito, a diferencia del enfado que Chile no pudo ocultar en anteriores ocasiones, sobre todo tratándose de foros multilaterales a los que el más que centenario reclamo fue llevado.
En este contexto, a nuestra causa al parecer no le quedan sino las siguientes opciones: insistir en la consecución de las facilidades de que habla el Tratado --de hecho el pedido de habilitación de Iquique ante la privatización de otros puertos fue enteramente nuestro--; perfeccionar los relaciones comerciales entre los dos países, signadas hoy por el contrabando que satura el mercado interno e incide en el crónico desbalance; buscar un convenio racional a un problema puntual como es el uso de las aguas de Silala y continuar con el diálogo binacional al más alto nivel en aras de una solución a nuestro enclaustramiento, hasta tanto Chile se avenga a reparar las injustas derivaciones de la guerra del Pacífico, sin descuidar la apertura de un intercambio cultural que en su momento pese a favor de Bolivia, ni el traslado del postulado de la reivindicación al plano de la comunidad internacional toda vez que sea necesario.
Porque continuar de espaldas y sujetos a que no se haga nada si antes no recuperamos una salida a la costa, tampoco nos conducirá a ninguna parte, como lo enseña la experiencia.
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