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29 de agosto de 2005
Cómo hacer negocios en un país emergente
La República 18:13 Horas


Unos banqueros de inversión de Nueva York decidieron llegar de primeros a un país emergente e invertir en muchas empresas, con socios locales.

Tuvieron miles de experiencias… Acordaron invertir un millón de dólares en la empresa “Sorpresa” de la señora X por el 60% del negocio. No obstante, cuando fueron a firmar el contrato no pudieron hacerlo pues los terrenos no estaban a nombre de “Sorpresa” sino de una fábrica de llantas vecina. Iniciaron un proceso con el gobierno local para lograr el registro de la tierra a nombre de “Sorpresa”, pero no se pudo llegar a un acuerdo porque se volvió un asunto de política local en el cual se enfrentaron el alcalde, que tomó partido por la firma “Sorpresa”, y el Comité local del Partido Político, que tomó partido por la fábrica de llantas.

Luego decidieron invertir US$millones por el 60% de una fábrica de autopartes, manteniéndose como gerente al creador y propietario señor Ingenio. Al comienzo la inversión fue excelente, duplicando ingresos y triplicando utilidades en los primeros dos años. No obstante, después de una inundación en que hubo malos entendidos entre los socios locales y extranjeros por el manejo de la crisis, el Sr. Ingenio les vendió un 20% adicional de la empresa, en teoría para comprar una fábrica quebrada y firmando una cláusula de no competencia. Poco tiempo después el Sr. Ingenio les notificó a sus socios extranjeros que o él se iba del negocio o se iban ellos. Los socios extranjeros, dueños del 80% del negocio con US$18 millones invertidos, le pidieron la renuncia y designaron otro gerente. Este acto generó una guerra de más de dos años, en la que fueron objeto de ataques permanentes, chismes de quiebra con sus proveedores y clientes, cortes de energía en el pueblo para su fábrica, renuncias masivas de la gerencia media, huelgas, robo de materia prima, propaganda política en su contra, despacho de productos defectuosos en sus propios empaques para dañar a la empresa y confiscación de maquinaria alegando que eran de propiedad del ex gerente…, producto de maniobras engañosas del ex gerente, fundador y socio.

Además, mientras esta guerra se desarrollaba, El Sr. Ingenio había montado a pocos kilómetros una fábrica para competirles en el mismo producto. Los socios extranjeros entablaron acciones legales para hacer efectiva la cláusula de no competencia, acciones que ganaron después de más de un año de litigio, pero que fue casi imposible hacer efectivas, hasta que finalmente lograron llegar a un arreglo con el Sr. Ingenio.

También invirtieron en una fábrica de rines para motocicletas del Sr. Iniciativa. Pasados unos meses, cuando el Sr. Iniciativa propuso a sus nuevos socios hacer una nueva planta de cajas de cambio para automóviles, pero ellos no quisieron hacerlo por cuanto era un negocio mucho más sofisticado con mayores requerimientos de tecnología, y solicitaron para poder evaluar la propuesta un estudio de mercado y conseguir un socio con el know how requerido.

Unos meses después, encontraron que la fábrica de cajas de cambio se había construido sin su autorización con los recursos de los socios locales, y el Sr. Iniciativa les propuso comprar al socio local la parte de lo que habían construido, como un hecho cumplido. Tuvieron que hacerlo pero durante varios años las empresas no dieron sino pérdidas.

¿Qué tienen en común todo estos casos? Que un fondo de inversión extranjera viva estas situaciones en un país emergente parece más una comedia que la realidad, ¿o no? Pues esto y mucho mas es lo que cuenta Tim Clissod en su libro “Mr. China”, donde enumera la experiencia de un banquero de Wall Street, un inglés y un chino desde 1994 al 2002, invirtiendo en China más de US$418 millones recogidos con fondos de inversión en Nueva York.

De la lectura del libro no podemos concluir si perdieron todos los millones o solo parte, pero es definitivamente una gran lección sobre cómo hacer negocios en China y cómo, a pesar de los avances y acercamientos, los negocios en China tienen sus propias reglas…..muy diferentes a las reglas de Occidente. El libro describe muy bien como los chinos se debaten entre, por una parte, las tradiciones milenarias y la resistencia al cambio, y por otra, la mentalidad cortoplacista que busca provechos acelerados, que les permitan ganar muy rápido para contrarrestar las crisis frecuentes que han vivido en el pasado.

Es definitivamente un libro que tiene que leer todo el que esté interesado en hacer negocios en China…no para dejar de hacerlo, ni mas faltaba, pero sí para conocer una visión experimentada y realista de la cultura de negocios en ese país, de cómo ha ido avanzando pero también de los grandes riesgos que se corren si se va solo con la mentalidad occidental. No dejen de leerlo. Además de bien escrito, es sumamente divertido y tiene las mejores críticas de The Economist y el Financial Times.




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