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El senador Rodrigo Rivera se declara confiado en ganar la consulta popular del Liberalismo en marzo y convertirse en candidato presidencial por ese partido, atribuyendo la fuerza electoral a sus propuestas, en especial las de carácter económico.
Voy a ganar la consulta popular del Liberalismo en marzo del año entrante, asegura el senador. Después, ya veremos, agrega con plena confianza.
Y ese optimismo lo justifica en la renovación política que él representa, en ser un candidato presidencial con propuestas, no meros diagnósticos, y en plantear soluciones estructurales, lejos de seguir con pañitos de agua tibia.
En eso se diferencia de los demás, insiste. Aún en los temas económicos, como se verá a continuación.
No más Estado obeso - ¿Qué diferencia a su programa económico de los otros candidatos presidenciales?
- En primer lugar, creo en la responsabilidad fiscal. El país no puede seguir gastando mucho más de lo que recauda. Uno de los grandes problemas macroeconómicos es la obesidad del gobierno central.
- ¿Qué debe hacerse al respecto?
- Desde hace varios años he planteado que debe tomarse una decisión de fondo sobre la centralización política en Colombia. Debemos adelgazar el tamaño del gobierno central y fortalecer el Estado departamental y distrital, dando un paso como el que dio España hace 27 años.
- ¿Usted se va, pues, lanza en ristre contra el centralismo?
- En efecto, yo ataco el centralismo político, entre otras cosas porque el gobierno central, comprometido en el pacto social de la Constitución del 91 para eliminar duplicidades y paralelismos en relación con las funciones de municipios y departamentos, no cumplió su parte, a diferencia de aquellos. El gobierno nacional, en fin, siguió siendo obeso, ahora sin necesidad. No podemos seguir con un Estado macrocefálico.
- ¿Se requiere, entonces, otra reforma constitucional para avanzar a la descentralización?
- Sí, porque la nueva Constitución es todavía centralista al concentrar en el gobierno y en el Congreso la potestad de definir la partitura funcional a los departamentos y el Distrito (que por cierto es la misma partitura para todos), lo cual es absurdo. Hay que romper la médula espinal a la organización centralista y fortalecer un Estado donde las regiones, que poseen la verdadera riqueza de nuestro país, tengan mayor autonomía.
Sí al Estado federal - ¿En ese orden de ideas, qué le corresponde hacer al gobierno central?
- Cumplir muy bien funciones como la defensa nacional, el manejo macroeconómico, las relaciones exteriores, la lucha contra el crimen organizado y la corrupción, la sostenibilidad ambiental, la preservación de las formas básicas de la democracia (derechos humanos, por ejemplo)
, ¡y pare de contar!
- ¿Y cómo se cumplirían las demás funciones?
- Para ello, debe reconocerse la autonomía, el empoderamiento funcional, a departamentos y al Distrito para que busquen fórmulas de acuerdo con su propia realidad, sin romper la unidad nacional porque los temas críticos ahí, como acabo de decir, seguirán en el gobierno central.
- ¿Está pensando acaso en volver a un Estado federal?
- Pienso repito- en un modelo parecido al de España, cuando, al terminar el gobierno del general Franco, se llegó a un gran acuerdo político para acabar con la estructura centralista y avanzar hacia la autonomía territorial, proceso que se consolidó en una generación, no de la noche a la mañana.
- ¿Qué tan viable es sacar adelante este proyecto en un régimen presidencial y con un Congreso que, según usted admite, se favorece del centralismo?
- Tendría que haber una presión pública muy grande, o sea, elegir un Presidente adversario del centralismo, con el mandato claro de replantear dicha estructura.
- ¿Usted aspira a ser ese Presidente?
- Por supuesto.
La Doctrina Colombia - ¿La descentralización es, por tanto, la mayor diferencia de su programa económico con los de otros candidatos?
- Otro gran elemento diferenciador es mi posición frente al campo, al que no veo, distinto a como ha sucedido en los últimos gobiernos, con un enfoque simplemente económico, sino con visión estratégica, de seguridad nacional, que es la del Primer Mundo, la del mundo que ha estado en guerras.
- ¿En qué consiste esta visión?
- En ver al campo como un instrumento de seguridad interna, a través del cual se logra la ocupación territorial, la soberanía económica sobre el territorio, la seguridad alimentaria y, en definitiva, la seguridad nacional, que es precisamente la razón de ser de los subsidios que se le otorgan en los países desarrollados.
- Lo cual implica, en la práctica, justificar una actitud proteccionista en la negociación del TLC con Estados Unidos
- No se trata de una política anacrónica o jurásica, sino la misma que defienden Estados Unidos y la Unión Europea, Japón y Corea, cuando se abordan las relaciones comerciales frente al sector agrario, pensando siempre en la seguridad interna, en la seguridad nacional.
- ¿Qué tanto se incurre ahí en una actitud parroquial, localista, acaso obsoleta?
- Al contrario, hay que enfrentar la tradicional visión parroquial que caracteriza al país. Así, debemos tener una audaz política internacional que nos permita, por ejemplo, construir una Doctrina Colombia para canalizar los suficientes reatos de conciencia social y ambiental del Primer Mundo.
- ¿Una Doctrina Colombia?
- Me explico: el mayor problema de seguridad en el planeta no se deriva del terrorismo, ni del armamentismo nuclear, sino del calentamiento global, y Colombia está en la cuenca amazónica, tiene 10% de la biodiversidad del mundo, pero es el único país donde se puede encender la mecha de una bomba de tiempo que generaría un ecocidio de esa cuenca por la presencia del narcotráfico, el terrorismo y el conflicto armado.
A frenar el TLC - Colombia requiere la ayuda internacional, mejor dicho. Pero, ¿cómo sería esa ayuda?
- Un alivio en la deuda externa y consideraciones especiales en el tema de comercio, tanto en la OMC como en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
- ¿Habría que frenar el TLC mientras se garantizan tales condiciones?
- Sí. Como dijo Clinton, el afán no es un buen consejero para negociar el TLC.
- ¿Que lo firme el próximo gobierno?
- Si E.U. no da muestras de ceder en temas vitales para nuestra seguridad nacional como los temas agrarios y de propiedad intelectual en medicamentos (acceso a genéricos), debemos impulsar de inmediato el Plan B, que es la prórroga del Atpdea.
- Pero, la prórroga del Atpdea está descartada por las autoridades norteamericanas.
- No. Eso es parte del discurso que tienen para fortalecerse en la mesa de negociación. Es que con el Atpdea no están haciendo obras de caridad con Colombia sino una política de interdicción de drogas en un país amigo porque les resulta más costoso, en dólares y vidas, en corrupción y desgaste institucional, hacerlo en su propio territorio.
Panel de control ¿El candidato gavirista? Hay quienes afirman que Rodrigo Rivera es el candidato in péctore del ex Presidente César Gaviria. ¿Por qué? Es obvio: por ser gavirista, por haberlo sido en aquella campaña tras la desaparición de Luis Carlos Galán (su antiguo jefe), por la colaboración que desde el Congreso le dio al gobierno del revolcón, y porque a fin de cuentas ambos son oriundos de Pereira, en cuyas huestes liberales mantienen una férrea alianza política, suficiente para haber alcanzado el joven parlamentario una alta votación que lo ha convertido, durante los últimos años, en un auténtico barón electoral. Gaviria es quien lo promueve y aspira a catapultar en la Presidencia de la República, se dice. Él, por su parte, es muy prudente al respecto, destacando las coincidencias pero también las diferencias. He ahí su talante.
Galanista de vieja data En realidad, todavía se declara galanista a pie juntillas. Al fin y al cabo fue líder del Nuevo Liberalismo en Risaralda, mucho antes de que su jefe diera el vuelco hacia el oficialismo, donde estaba situado precisamente César Gaviria, quien se convirtió en coordinador de la campaña presidencial de Luis Carlos Galán, poco antes de ser éste asesinado por la mafia del narcotráfico. Y aclara: su galanismo es ideológico, por ejemplo en el plano económico, al defender la intervención del Estado, lejos del neoliberalismo o el aperturismo a ultranza de los últimos años, y buscar la internacionalización a través de la mayor integración de América Latina, como el fortalecimiento del Pacto Andino, según los lineamientos del ex Presidente Carlos Lleras Restrepo. Galán era socialdemócrata, afirma.
No más polarización Es un dirigente conciliador, sin duda. Tanto que atribuye los pocos avances de nuestra economía, a pesar de la capacidad y las buenas intenciones del Presidente Álvaro Uribe, a la fuerte polarización desatada en el país desde el Proceso 8000 en el gobierno de Ernesto Samper. Según él, dicha polarización ha afectado el manejo de la economía por haberse desatado el desbordamiento del gasto público y del propio endeudamiento público para financiarlo, para financiar el mismo déficit fiscal, que incluso es causa fundamental del actual proceso revaluacionista del peso por las mayores tasas de interés ofrecidas en papeles del Estado, las cuales atraen precisa, con autoridad de economista- los capitales externos que inundan de dólares al mercado doméstico. No más polarización, repite.
Gobierno de unidad nacional. Yo me declaro suprauribista, proclama al rechazar el uribismo de unos y el antiuribismo de otros que prueba la citada polarización. Lo único que nos garantiza abrirle paso al Milagro Colombiano (ver recuadro) es suscribir explica- acuerdos nacionales como el de La Moncloa o el de Toledo en España tras la caída de la dictadura franquista, para formar un gobierno de unidad nacional que trabaje no sólo con los que lo eligieron sino con los que derrotó, que ponga los intereses del país por encima de los intereses partidistas, con todas las instituciones y las regiones al servicio de propósitos nacionales. Plantea, pues, algo así como el suprapartidismo que defendía Galán, o el Acuerdo sobre lo fundamental, de Álvaro Gómez. O el gobierno de Unión Nacional de Ospina Pérez, cabe recordar.
Políticas de Estado Pero, ¿acuerdos nacionales sobre qué? Temas de interés nacional, sobre los cuales haya auténticas políticas de Estado, como los siguientes: decisiones estructurales en pensiones; sobre estructura tributaria y sobre el sistema de seguridad social en salud; en transparencia y buen gobierno, pues aquí tenemos todavía una estructura muy primitiva en el manejo de puestos, contratos, partidas presupuestales y hasta uso de la televisión; en megaproyectos de desarrollo, que permitan romper el saqueo y el desperdicio de la riqueza nacional, características de nuestro atraso; y en materia de orden público. Estas políticas deben tener la debida continuidad en varios gobiernos, para lo cual se requieren los pactos de unidad nacional, precisa.
¡Cuidado con el TLC! Al reanudarse hoy las rondas de negociación del TLC con Estados Unidos, Rodrigo Rivera observa en tono crítico que estamos negociando con la actitud equivocada: somos pobres pero dignos; nos da pena pedir. En tal sentido ve con preocupación que estemos dispuestos a ceder en el acceso real al mercado de E.U., más allá de las barreras arancelarias; que la cláusula de salvaguardia para proteger al agro sólo rija durante el período de desgravación arancelaria; que no se adopte una cláusula de paz para proteger sectores sensibles como el arroz; que no pidamos flexibilidad en el tema de visa, ni financiación para agenda interna, ni dólares por bosque según el espíritu del Protocolo de Kyoto, ni protección de nuestra biodiversidad, como ellos sí protegen su propiedad intelectual. ¡Mucho cuidado!, alerta.
Milagro Económico Colombiano - Usted insiste en que su perspectiva es distinta a la de los otros candidatos. ¿Por qué?
- En realidad, casi todas las demás propuestas económicas tienen una visión cortoplacista. Yo, en cambio, creo que sólo con visión de largo plazo podremos encontrar las soluciones adecuadas a los retos de desarrollo si queremos construir lo que yo llamo El Milagro Colombiano.
- ¿Cómo sería ese milagro?
- Me refiero a lo que han hecho países como España, Irlanda o Malasia, que en la última generación, en 25 o 30 años, pasaron de la pobreza a la prosperidad, de la violencia a la paz, del centralismo a la autonomía, de la corrupción estructural a gobiernos transparentes y respetables. Y aunque eso no lo hace un solo Presidente, ni se hace en un solo gobierno, sí lo puede hacer una nación unida, con propósitos claros.
- ¿Es lo que usted quiere hacer?
- Un propósito así es lo único que debe importar en la política. Lo otro es administrar la rutina.
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