La victoria de Néstor Kirchner y su mujer, Cristina Fernández, en las elecciones legislativas del pasado domingo supone una victoria para el Gobierno, aunque la rivalidad en el Partido Justicialista siembra algunas incertidumbres.
El matrimonio Kirchner está de enhorabuena. Con más del 90% del escrutinio en los comicios legislativos del pasado domingo, el Frente para la Victoria (FPV) reúne alrededor del 39% de los votos a nivel nacional. El holgado triunfo de la coalición kirchnerista en la provincia de Buenos Aires da un respiro al Gobierno para continuar con su política económica para reestructurar el país tras la crisis sufrida en 1999.
El presidente, Néstor Kirchner, ha mantenido su popularidad gracias a un rebote de la economía, un discurso agresivo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las empresas extranjeras insatisfechas con el incumplimiento de los contratos tras el default y la revisión de los casos de violaciones a los derechos humanos en la dictadura.
La mayoría de los empresarios espera que Néstor Kirchner reaccione a los resultados con un cambio en su política económica. En primer lugar, el tirón de la recuperación tras la crisis está perdiendo fuerza. El PIB creció un 8,8% en 2003, un 9% en 2004 y previsiblemente lo hará un 8,5% este año, mientras que la inflación sigue aumentando de manera preocupante. La clase empresarial espera del Gobierno una política más restrictiva que recorte la tendencia inflacionista.
Los flujos de inversión se están recuperando moderadamente, hasta llegar a un 20% del PIB en inversión bruta, aunque los expertos consideran que todavía es necesario alcanzar los 23 ó 24 puntos para completar la reestructuración de la economía argentina. La mayoría de los empresarios también espera que Kirchner sea más pragmático para cortejar a los inversores, en su mayoría desesperados porque el Gobierno cumpla los contratos y ajuste las tarifas de los servicios, que quedaron congeladas con la crisis.
El economista argentino Miguel Ángel Broda no se muestra tan optimista. Creo que el presidente Kirchner no quiere pagar el coste político que supone cambiar de actitud hacia los empresarios y cumplir los contratos, señaló a este diario.
El consultor considera que el Gobierno seguirá demorando las subidas de las tarifas. El coste energético para los consumidores en Buenos Aires es una quinta parte del que está establecido en Brasil, explica Broda, como ejemplo del poco atractivo que tiene el sector para la inversión nacional y extranjera. Kirchner va a entrar rápidamente en la campaña electoral de 2007 y no quiere pagar ningún precio político, concluye.
La coalición de Kirchner se enfrentó el domingo a su antecesor y antiguo aliado, Eduardo Duhalde (2002-2003) después de que ambos peronistas no acordasen una lista conjunta de candidatos.