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Los mercados reaccionaron bien, sobre todo las acciones que ya venían entonadas ayer por reportes alentadores en las ganancias de empresas clásicas del Dow Jones. Prácticamente, no se movió el mercado de bonos, más expectante sobre los datos de actividad económica de las próximas horas.
Cayó bien la palabra "continuidad" en la primera declaración del nominado Bernanke, quien sabe que deberá reemplazar a una leyenda de las finanzas que se retira a fin de año.
Para la Argentina, tan dependiente del peligro de suba tasas en EE.UU; el recambio en la Fed supone todo un desafío a la hora de los pronósticos. Empezarán a reiterarse ahora todas las teorías conocidas y habrá un furor por interpretar las palabras de Bernanke que se escucharán en las audiencias del Congreso.
Pero la noticia incluye una curiosidad adicional para los observadores locales. Bush eligió tropa propia para la Reserva Federal y descartó algunas recomendaciones que lo orientaban a buscar, más bien, a "un hombre del mercado". Se desilusionaron aquellos que esperaban a un "noventista" tipo Larry Summers o Robert Rubin, un rumor que se había instalado en las últimas semanas cuando tropezaron feo los mercados con las mayores expectativas inflacionarias, y algunos soñaban con un mediador entre los republicanos conservadores y los mayormente liberales en Wall Street.
De confianza Ante las turbulencias que puedan sobrevenir, el presidente norteamericano igual que Néstor Kirchner prefirió en el Banco Central a un hombre joven, de confianza, con quien pueda dialogar. No es la única afinidad ideológica en materia económica, salvando distancias, desde luego. También Bush le dio la espalda al mundo financiero al nombrar a los dos ministros de Economía de su gestión. El actual, John Snow, representa el pensamiento más profundo de la industria pesada de EE.UU, nada más alejado del approach financiero que en los 90 de Clinton tenían Rubin (hoy alto ejecutivo de Citigroup) o Summers.
Las objeciones que se escuchan en Wall Street contra Snow son muy parecidas a las que los sectores más ortodoxos locales le formulan a Lavagna. Que sólo trabaja para beneficiar a los industriales exportadores, o que tiene la moneda artificialmente devaluada, como el super euro de Bush que llegó este año a 1,39.
Igual que en la Argentina, también los republicanos de Bush instalaron en EE.UU. el "moral hazard" contra los mercados, la renta financiera y el FMI, o aquello de no usar el dinero de los contribuyentes para salvar a los inversores que compraron bonos basura.
Lejos de la paz mundial de los 90, del barril de crudo a u$s 11 o del oro a u$s 270, esta realidad de la primera década de siglo XXI revela otro ritmo. Es evidentemente el mundo de los ásperos: Bush, Snow y ahora el control directo de la Reserva Federal vía Bernanke. Tal vez Kirchner y Lavagna sean más globales de lo que pueda suponerse.
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