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Faltan apenas cuatro días para la IV Cumbre de las Américas, que se realizará en Mar del Plata el viernes y sábado de esta semana, y las arduas discusiones para consensuar el documento final que suscribirán los 34 mandatarios del hemisferio han comenzado a inquietar a los negociadores argentinos, responsables de llevar a buen puerto el debate como representantes del país anfitrión.
Hasta ahora, las conversaciones del Grupo de Revisión e Implementación de las Cumbres (GRIC), que sesionó hasta el viernes pasado en el Palacio San Martín y continuará hoy en el Hotel Costa Galana de Mar del Plata, arrojan una mera constatación: la decisión de Venezuela, o mejor dicho de su presidente, Hugo Chávez, de disputarle el protagonismo del encuentro al jefe de la Casa Blanca, George W. Bush, e incomodarlo, esta vez casi en sus propias narices, con su consabida prédica antiimperialista.
Sin ir más lejos, ayer en Caracas, desde su programa dominical "Aló, Presidente", Chávez dio una pequeña muestra de lo que se anticipa será su embestida contra Bush en la cumbre de Mar del Plata: el caribeño criticó a algunos de sus colegas del continente, a los que no identificó, por pretender sumarse al proyecto de Bush para "revivir" el ALCA, uno de los temas que, junto con el de los subsidios agrícolas, traba por estas horas la redacción final del documento que firmarán los presidentes.
Precisamente, en el GRIC, los planteos más enfrentados son los de Washington y Caracas, quien lidera la posición de los países que se resisten a avanzar con algún compromiso serio respecto del ALCA.
"El debate está planteado: los que quieran irse al infierno, que tomen el camino del capitalismo, del neoliberalismo; los que, como nosotros y la mayoría, queremos un mundo mejor, tenemos que ir buscando el camino alternativo", advirtió ayer el venezolano.
También calificó al ALCA como una propuesta "hegemónica, imperialista y neocolonialista" y celebró "el fervor latinoamericanista" que ya se refleja en la Argentina, al aludir a las distintas manifestaciones en repudio a la visita de Bush, que tendrán su punto álgido en las calles marplatenses el jueves, en la víspera del arranque formal de la cumbre, con una marcha organizada por CTA y organizaciones piqueteras.
Chávez insistió, además, con su propuesta de crear el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), una suerte de contracara del mercado continental impulsado por Washington.
Pero pese a estas bravuconadas chavistas, en el Gobierno argentino confían en que el caribeño sabrá honrar la convivencia durante la cumbre. Incluso, una alta fuente oficial le dijo a El Cronista que la preocupación de los EE.UU. por el comportamiento de Chávez no es de la magnitud que reflejan los medios y que el país del Norte entiende que su inflamada retórica antinorteamericana es, en rigor, un fuego de artificio que apunta a consolidar apoyos en su frente interno. Chávez, por lo pronto, parece ajeno a estas interpretaciones vernáculas y promete redoblar su apuesta contra Bush con su asistencia a la III Cumbre de los Pueblos, la "contracumbre" que organizaciones sociales planearon en forma paralela en la ciudad balnearia, en rechazo a la presencia del texano y su intención de crear un área de libre comercio desde Alaska a Tierra del Fuego.
Lo cierto es que el venezolano amenaza con aguarle la fiesta a Bush quien, para colmo, llega a esta cumbre debilitado por la crisis política (CIAgate) que sacude a su administración. Con este panorama, los planes del estadounidense de revertir con su visita el antiamericanismo que impera en la región parecen destinados a naufragar.
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